viernes, 10 de julio de 2015

El Galeón de Manila y los flujos de plata

Siempre es útil hacer una recapitulación del trabajo que hacemos. En esta bitácora reviso la miscelánea de temas que salen del enorme arcón del Galeón de Manila, conforme a donde nos conduce la información. No obstante, Francisco Moreno nos propone esta vez una revisión más amplia de la temática del comercio en una perspectiva de tres siglos. Para ello ha preparado un texto que resume mucha información que estoy seguro será del agrado de los lectores.


Imágen de Aquapolque, o Acapulco, por Theodor de Bry



 El Galeón de Manila y los flujos de la plata, por Francisco Moreno, disponible aquí

lunes, 6 de julio de 2015

Juan Grau y Montfalcón

Hemos venido hablando de las propuestas formuladas por diversos personajes para mejorar la situación económica del sistema imperial español. Iniciando con los arbitristas, que hacían públicas sus propuestas con la intención de hacerlas llegar a los administradores más elevados en Madrid, hasta funcionarios encargados de regiones específicas, en este caso Filipinas, quienes también ofrecían sus ideas para resolver problemas de tipo económico. En esta ocasión hablaremos de una propuesta que tuvo importante acogida en el Consejo de Indias hacia 1640. El promotor de las ideas de cambio fue el Procurador General de las Filipinas en 1635, Juan Grau y Montfalcón, en un documento de 136 páginas, con 85 propuestas (1). 

El documento fue resumido por el autor, cinco años después de su propuesta original, en una versión para el Consejo de India que contiene cuatro puntos:

1. "(...) en qué cantidad y en qué forma ha de correr de aquí adelante el Comercio de aquellas islas." 
2. "(...) sí será conveniente, que la permission de que hoy gozan, a sí en la traída de las mercaderías como en el retorno de la plata, se les crezca y aumente." 
3. (...) sí han de comprender en la cantidad del permiso de las mercaderías, las que son propias de las Islas o se han de entender en solas las de la China." 
4. (...) sí se ha de abrir el comercio del Perú a Nueva España, como solía hacerle, por el da;o que suspenderse resulta a las Philipinas y Nueva España."

En lo que podría considerarse una pieza valiosa de análisis geopolítico, Juan Grau y Monfalcón aduce sobre estos temas:
"Las Islas Philipinas son precisamente necesarias. Lo primero, para aumentar la predicación evangélica. Lo segundo, para conservar la autoridad, grandeza y reputación de esta Corona. Lo tercero, para defender las Islas del Moluco y su contratación. Lo cuarto, para sustentar la India Oriental. Lo quinto, para aliviar de enemigos las Occidentales. Lo sexto, para quebrantar la fuerza de los holandeses, ayudar la de las dos coronas de Castilla y Portugal. Lo séptimo, para amparar el comercio de la China para ambas."
Este memorial fue presentado al obispo Juan de Palafox a su llegada a México, para comenzar una acción exhaustiva de revisión del comercio con Filipinas. El prelado estuvo en América de 1640 a 1649 con la doble función de obispo y visitador, por lo que tomó muy en serio entre sus tareas favorecer la relación con el Oriente, como hemos intentado mostrar en un ensayo publicado recientemente en la revista de Historia Novohispana No. 52, de la UNAM. 



Regresemos atrás en el tiempo, para explicar la importancia de estas propuestas.

Desde el inicio del comercio a través del Pacífico, 1565, se siguió una línea práctica, dedicada a responder a las necesidades de comerciantes, viajeros y funcionarios. Podría calificarse de política errática, que abrió oportunidades para muchos atrevidos que cruzaron gratis el océano y comenzaron a hacer fortuna en Filipinas. También permitió abusos, especialmente contra los filipinos, a quienes se obligaba a prestar sus servicios a los recién llegados (españoles, criollos mexicanos y varios más) bajo dos criterios: que los indígenas recibían educación religiosa y que la prioridad de la colonia giraba en torno a las necesidades del galeón. Al final del siglo XVI la corona intentó corregir esta anarquía y comenzó una ciclo continuo de ajustes por medio de cédulas reales que tenían poco efecto real en la mecánica comercial. En 1593 se decidieron nuevas regulaciones para el comercio conocidas como Permission (así, en español antiguo).  Eran los años iniciales y todo obedecía a un espiritu de exploración y prueba.  


El sentido general las regulaciones de 1593  atendían  cuatro aspectos:

        -periodicidad anual de las navegaciones, dos galeones cada año.

         -carga máxima de 3000,000 toneladas

         -navíos, aparejos vituallas y salarios correrían por cuenta del erario real

         -implantación de la permissión, lo que de manera práctica eran licencias de comercio.

La historiadora Carmen Yuste explica en su Introducción al libro publicado en 1736 por Antonio Álvarez de Abreu (2) que el comercio con Oriente se concentró entre Filipinas y Nueva España. "(...) ante la imposibilidad de administrar directamente Las Filipinas debido a la lejanía, la metrópoli cedió a la Nueva España esta función, y si bien le impuso el envío del situado anual a las Islas, permitió por otro lado el establecimiento de un comercio intercolonial que habría de dar grandes beneficios a la Nueva España. Los productos que por este comercio se introducían eran básicamente telas -de algodón y sobre todo sedas-, especias -canela, clavo y pimienta- y productos de loza y marquetería que encontraron en el mercado novohispano una gran demanda. El comerciante filipino, por su parte, compraba productos propios de la Nueva España, mercancía europeas llegadas por Veracruz y extraía cantidades considerables de plata".

Prosigue la doctora Yuste: "Estas características del tráfico comercial entre Las Filipinas y Nueva España provocaron la oposición continua de los monopolistas andaluces, ya que los colocaba en una situación desfavorable. En primer lugar, porque los beneficios de este tráfico muy pocas veces lllegaban a ellos. En segundo, porque el galeón era un fuerte competidor de la flota española, que cargada de mercancías europeas entraba por Veracruz. Y por último, porque si en un principio los comerciantes novohispanos mantuvieron intereses comunes con los comerciantes andaluces, lograron mediante el comercio directo con Las Filipinas un poder económico que les permitió imponer condiciones a los flotistas. Además, no debemos olvidar la importancia de Manila como centro del comercio oriental, a la cual llegaban todos o casi todos los mercaderes asiáticos a realizar sus transacciones. Estas transacciones se hacían, la mayoría de la veces, por el intermedio de la plata que recibían los filipinos de Nueva España. Ello provocó también la oposición del comercio andaluz, que si bien veía en Las Filipinas un gran mercado, encontraba por otra parte en ellas un punto de escape de la plata americana que por mediación de los chinos y otros grupos orientales llegaba a ingleses y holandeses, potencias comerciales interesada en el mundo asiático."

En suma, los intereses religiosos, económicos y políticos que movilizaban al imperio, así como la amenaza de las potencias del norte de Europa en aguas asiáticas, motivaron al Consejo de Indias a tomar en consideración la propuesta formulada por Grau y Montfalcón. Otro asunto es que hayan logrado sus propósitos.
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(1) Memorial dado al Rey en su Real Consejo de las Indias por D. Juan Grau y Montfalcón, procurador general de las islas Filipinas, sobre las pretensiones de la ciudad de Manila y demás islas del Archipiélago en su comercio con las Nueva-España. Afortunadamente el documento está en línea. También una traducción al inglés. 

(2) Alvarez de, Abreu. Extracto Historial del Comercio entre China, Filipinas y Nueva España, Vol.  1 de 2 tomos. México: Instituto Mexicano de Comercio Exterior, 1977. Introducción, notas y arreglo del texto por Carmen Yuste. pp. 9-13. En este libro se compendian los primeros 150 años de legislación del comercio del Pacífico. El libro de Alvarez fue traducido al inglés por Emma Blair en The Philippine Islands, Vol XXX

Creo importante resaltar que ya es muy difícil encontrar la colección del IMCE, dirigida por el doctor Enrique Florescano, en la que aparecieron publicados muchos e interesantes textos para el conocimiento del comercio desde la época prehispánica, la Nueva España y la etapa independiente. Sería muy útil que en el ámbito universitario y gubernamental se hiciera el esfuerzo para editar una nueva colección para beneficio de las nuevas generaciones de investigadores de la historia y de la economía de México.

jueves, 2 de julio de 2015

Duarte Gomez Solís, comerciante portugués

En las entradas anteriores hemos tocado el tema de las propuestas de reforma económica que proliferaron en España en el siglo de XVII, algunas de ellas relacionadas con Filipinas. En esta ocasión mencionaremos a uno de los arbitristas más conocidos y por cierto más citados en los trabajos históricos sobre el tema: Duarte Gómez Solís. Se trata de un personaje especial pues, además de ser portugués de origen, fue cristiano nuevo, es decir, que él o sus padres habían abandonado el judaísmo. No deja de resultar un tanto extraño pues en el contexto de persecución religiosa y de celosa búsqueda de la pureza de sangre, Duarte Gómez lograra incrustarse plenamente en la sociedad no sólo portuguesa sino en los principales círculos de la corte española. 

Nos informa Natan Wachtel, uno de sus biógrafos modernos, que Duarte Gómes (o Gómez) Solís nació en Lisboa en 1561, en una familia rica de comerciantes y banqueros. Sus padres salieron de Portugal y Duarte pasó su infancia en Medina del Campo, España, ciudad famosa por sus ferias comerciales. Tal vez sus padres emigraron a causa de algunos problemas con la Inquisición. ¿Habrá practicado del judaísmo en secreto, como muchos de sus contemporáneos? es dificil saberlo, pero ciertamente tuvo la capacidad de ocultarlo y presentarse como un convencido católico.

Comenzó su carrera en 1585 como comerciante en la costa oeste de la India. Navegando hacia Goa, al bordear la costa de África, la nave naufragó en la costa de Mozambique, y fue capturado por pobladores locales. Sin embargo, pudo llegar al puerto de Goa, que era un punto muy importante de la red comercial portuguesa en Asia. Ahí logró el cargo de administrador general del comercio de la pimienta, uno de los productos más preciados de todo el tráfico comercial de Asia en aquel momento. Llegó a ser un estrecho colaborador del gobernador, Manuel de Sousa Coutinho, pero cuando el virrey Matías de Albuquerque ocupó el cargo en 1592, Gómez Solís fue detenido y enviado de vuelta a Lisboa, acusado de irregularidades financieras. En Portugal fue absuelto y regresó a Goa en 1593, donde continuó su carrera hasta 1601. Regresó a Europa y ahí vivió hasta su muerte en 1632, a la edad de 71 años. En total, Duarte Gomes Solís navegó cuatro veces alrededor del Cabo de Buena Esperanza. Cabe mencionar que las condiciones de los viajes eran tan inciertas en aquel momento que sufrió dos naufragios, fue capturado por africanos y fue víctima de piratas ingleses.


Comerciantes portugueses de la época

Al regresar a la península en 1604 casó en Lisboa con la hija de uno de los banqueros más ricos de Portugal, Heitor Mendes Brito. Seguramente, el fruto económico y las experiencia acumuladas en India rinderon suficiente para instalarse en la península como un hombre con recursos y respetado. Vivió en Madrid hasta 1610 cerca de la corte del rey, donde emprendió la carrera de arbitrista. Como hemos mencionado,  la palabra arbitrio combina los diversos significados de asesoramiento o quien ofrece una opinión, medidas o  acciones convenientes. A principios del siglo XVII, cientos de estos proyectores pululaban en la corte con propuestas para las curar todos los males sociales y económicos de España.  Duarte Gómez Solís escribió dos obras importantes sobre política y economía, además de otras piezas cortas:

  • 1622, Discursos Sobre los Comercios de las dos Indias (dedicado al rey Felipe IV).

  • En 1628 publica Alegación en favor de la Compañía de la India Oriental, y Comercios ultramarinos (dedicado al Conde-Duque de Olivares).

La segunda obra es sorprendente, pues propone la creación de una entidad comercial similar a la Compañía Holandesa de de las Indias Orientales, que ha sido calificada como la primera corporación moderna por acciones. El modelo de negocios de la VOC (Vereenidge Oostindische Compagnie) significaba toda una novedad para la época, en oposición al monopolio del Estado español, que controlaba las rutas comerciales en Asia, en particular la ruta del galeón de Manila. Para un observador con tanta experiencia como Gómez Solís, la idea habrá resultado especialmente atractiva, aunque en la corte española fue desechada. Al paso del tiempo también aquel modelo del norte de Europa declinó por muchas razones, pero algunos historiadores han querido ver en la política comercial ibérica de aquel momento, contrapuesta a la eficiencia holandesa e inglesa, la razón de la temprana decadencia del imperio español. 

Los razonamientos expresados por Gómez Solís ofrecen muchos elementos de estudio sobre la mecánica del comercio en Asia y sobre la operación del galeón de Manila, para la historia de las ideas económicas ibéricas y la estructura política del imperio. La propuesta de que el comercio quedara en manos de expertos y no de aristócratas resultaba muy atrevida, pero no tanto como la de que debería darse una especie de amnistía a los ricos comerciantes cristianos nuevos para ayudaran a fortalecer los lazos económicos del imperio en todos los dominios ibéricos (que en aquella época,  se extendía prácticamente a todo el planeta). Desde su perspectiva, el comercio libre era un mecanismo para ventilar la economía, lo cual se contrapone al pensamiento bullionista, que recomienda la acumulación de metales preciosos. ¿Adelantado a su tiempo o más bien el imperio no estaba preparado para escuchar sus osadas propuestas?

Wachtel comenta que ninguno de los dos libros menciona el lugar en el que fueron impresos.Además, "entre el primer libro y el segundo, el autor se ha convertido en Caballero Noble de la Casa del Rey". Estos detalles sugieren que las obras fueron publicadas por el autor y quizás sin el permiso requerido de la Inquisición. El título de "Caballero Noble de la Casa del Rey significa que incluso si el consejo de Duarte Gomes Solís no siempre fue tan influyente, su personalidad era bien vista", añade Wachtel. 


Con frecuencia  Duarte Gómez Solís se disculpa por su torpeza, insistiendo que es comerciante y no erudito. Sin embargo, sus razonamientos dan evidencia de que era un hombre cultivado: con frecuencia se cita a los historiadores de las conquistas portuguesas, João de Barros y Damião de Gois; muestra un gran conocimiento geográfico y menciona los autores de la antigüedad griega y romana. Algo notable es que ambos libros están dirigidos al rey Felipe IV en Madrid (quien gobernó de 1621 a 1640). Era una circunstancia especial el hecho de que Gómez Solís escribiera en español y en la capital del imperio; lo que se explica porque desde 1580 y hasta 1640 las coronas de España y Portugal estaban en poder de los Habsburgo.

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Wachtel, Nathan. The Faith of Remembrance: Marrano Labyrinths. Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2013.