martes, 10 de junio de 2014

Constelación de puertos

La llamada ruta marítima de la seda es una red comercial de enorme importancia que tuvo como centro a un grupo de ciudades chinas conectadas con el mundo, especialmente en las provincias de Fujián y Guangzhou. Los antecedentes de este comercio se remontan a los siglos XII y XIII, y de forma destacada están relacionados con la gran aventura del almirante Zheng He (1371-1433), en el siglo XIV. Sin embargo, el interés de esta nota es concentrar la atención en el gran cambio que se operó cuando aquellos puertos chinos establecieron la conexión comercial desde Asia central hasta el Sudeste de Asia y América, por medio del Galeón de Manila-Acapulco, una vez que Manila fue establecida como puerto español en 1571.

Encuentro de culturas y sistemas

En la etapa final de la dinastía Mingen la segunda mitad del siglo XVI en China, se gestaba un cambio fundamental que tenía qué ver con el comercio internacional, pues el gobierno buscaba regular los intercambios con el resto del mundo y en especial el movimiento de la plata que dominaba a la economía china, proveniente sobre todo de Japón. El sistema tradicional de comercio tenía un tinte imperial curioso. Considerado como intercambio tributario, los emperadores chinos no comerciaban, sino que recibían los tributos de pueblos y naciones que reconocían la autoridad de China. A cambio, generosamente proporcionaban regalos y plata

Los comerciantes que provenían del Asia Central eran recibidos en ciudades del norte de China por administradores, que atendían a los embajadores (muchos de ellos eran conductores de caravanas de camellos que no tenían representación oficial de sus naciones). En la parte marítima de China este sistema fue conocido como Shibosi y consistía en oficinas de comercio marítimo, controlado por supervisores en tres puertos: Ningbo, en la provincia de Zhejiang para el comercio con Japón; Quanzhou, en Fujián, para el comercio con las islas de Taiwán y Ryukyu y Guangzhou, o Cantón, para el resto del sudeste de Asia. En ocasiones, se permitía a los visitantes extranjeros llegar a Beijing, la capital, donde eran atendidos por el Ministerio de Ritos y, ocasionalmente, tenían audiencia multitudinaria con el emperador.

El comercio para los extranjeros era ventajoso, pero a la larga los chinos padecían las consecuencias y procuraban equilibrar su balanza comercial espaciando los plazos de entrada de misiones comerciales extranjeras. Un fenómeno importante fue la creciente dependencia del flujo de plata japonesa, que monetizó el comercio interno de China y llevó incluso a la decisión de cobrar impuestos en plata a la población. Para evitar esa situación de dependencia se tomaron diversas medidas correctivas. En 1549 se limitó el comercio entre Japón y China.  En 1565 se reinstauró la oficina de supervisión en Guangdong.  En 1567 se decidió concentrar el comercio en Yuegang, al sur de Xiamen, en la provincia de Fujián. Todo ello coincide con el establecimiento por los portugueses en Macao (con autorización china) en 1557 y la fundación Manila en manos españolas en 1571. A partir de entonces, el comercio externo de China tomó un rumbo diferente y alentó la producción manufacturera en cadena, siglos antes que la llamada Revolución Industrial Inglesa.

Es interesante observar que la presencia europea en esas ciudades se suma a un proceso interno que ya existía en China y que canalizaba el flujo de comercio que venía desde Asia Central. Con ello también tomó impulso la producción interna de seda, porcelana, té y muchas manufacturas. Si logramos escapar de la visión histórica convencional, que sólo observa el comercio desde el ángulo europeo o asiático, y lo vemos como un sistema integral enorme que conecta a toda China, la perspectiva puede ser muy enriquecedora.

Tomemos por ejemplo la ciudad de Nanjing. Localizada en un nudo económico del río Yangtze, Nanjing ha sido una ciudad muy importante en la historia del comercio de China. Fue una de las cuatro capitales de China, se convirtió en el centro de la ruta, punto de llegada de viajeros del mundo y de salida de comerciantes chinos. La ciudad conectaba China con los reinos del este de Asia, por medio de comerciantes, así como con el movimiento de misioneros budistas. Esto hizo de Nanjing el punto de confluencia entre la ruta de la seda y la ruta marítima. 

No hay que olvidar que en el interior del país se desarrolló una intrincada red de canales y rutas fluviales que comunicaban a China de Norte a Sur , el famoso Gran Canal, y de ese centro productivo hacia la costa. A partir del siglo XV muchas ciudades se especializaron y progresaron en el interior del país, proporcionando productos para el comercio mundial. China "la fábrica del mundo" no es un tema del siglo XX.

A partir de ese centro se distinguen ciudades fluviales como Yangzhou, o marítimas como los mencionadas arriba. En una breve lista podemos resumir:

Sur y Este de China

Guangzhou, mejor conocida como Cantón, y su antiguo puerto Huanpu o Whampoa, en la desembocadura del rio Perla. Fue el emporio del comercio hacia el sur de Asia.

Quanzhou, en Fujián, conocida con Zayton por Marco Polo, perdió poder frente a otros puertos en esa misma provincia.

Zhangzhou, conocida como media luna, por la forma de su bahía, en el sur de Fujián, sirvió al comercio con Filipinas.

Fuzhou, en la desembocadura del rio Minjiang, también en Fujián, se dedicó al comercio con Taiwán.

Al norte:

Penglai, en la provincia de Shandong, era conocida como Dengzhou en la antigua China, frente al mar de Bohai, fue el punto de contacto con la península coreana.

Ningbo, ya mencionada, era conocida como Mingzhou, estaba conectada con el Gran Canal, conectaba el comercio con Japón.

Probablemente no nos digan mucho estos nombres, pero la correspondencia cultural entre aquellos puertos y las ciudades mexicanas de Acapulco, Puebla, Ciudad de México, Xalapa o Zacatecas es muy estrecha.