domingo, 27 de octubre de 2013

Comercio portugués de esclavos

Desde una etapa temprana de la vida de las Filipinas, los portugueses se convirtieron en los principales abastecedores de esclavos en Manila. No se observaba ninguna dificultad en este tipo de comercio, cuando las caravelas lusitanas recorrían las costas de Africa del Este, la península de Arabia, India, y así tomaban rumbo hacia Malaca y Macao, donde tenían el control. Manila se convertía en la última estación de aquel recorrido comercial de marfiles, especias, telas... y seres humanos.


El papel de los portugueses en este tráfico era muy ventajoso, tanto porque habían iniciado mucho antes que cualquier poder europeo en Asia, como porque Manila era un enclave que dependía del abasto de comerciantes chinos, malayos, japoneses y portugueses que llegaban a esa ciudad con la periodicidad del monzón. Al inicio del siglo XVII, la creciente disputa de los portugueses y españoles con los holandeses e ingleses significó un peligro adicional para el tránsito en la región y mayor aislamiento del emporio de Manila. Los portugueses tenían prohibido cruzar el Pacífico hacia la Nueva España, pero aprovechaban al máximo la puerta filipina para beneficio de su comercio. Ahora, como entonces, se tiene gran aprecio por las tallas de marfil de origen indio-filipino, exportados por los portugueses hacia América y Europa.


Una breve revisión de dicho comercio, con base en lo escrito por William Lytle Schurz, puede ilustrar esta relación:
"Una ley española de 1593 prohibía a los españoles ir a Macao, entre otros lugares, y ello después de que Macao fuese obligada a someterse por juramento al Rey de España". Sin embargo, tal comercio continuó intermitentemente y "algunos de los primeros gobernadores -como Santiago de Vera y Gómez Pérez Dasmariñas- habían estimulado todo tráfico entre ambos puertos y de hecho ocurrió que a partir del año 1619 llegaron otra vez a Manila navíos portugueses, con gran regularidad y a lo largo de varias décadas. En 1620 fueron diez los navíos de Macao y seis años más tarde uno de ellos llevó un cargamento de medio millón de pesos. En 1630 José de Navada Alvarado declaró que el valor de lo importado habitualmente desde Macao se aproximaba al millón y medio de dicha moneda.(...) Aparte de la seda, Morga escribió que también venían muebles, finamente dorados, de manufactura china, por supuesto. Fray Gregorio López se refiere a un navío de Macao, cargado con una gran riqueza de ámbar, almizcle, perlas y piedras preciosas y más de trescientos esclavos"


                    El Imperio portugués, imagen tomada del sitio MacroHistory


Esclavos de todo el orbe

El asunto del comercio esclavo es complejo pues desde el principio de la ocupación de Filipinas la Corona Española se hallaba envuelta en un debate propiciado por  los humanistas españoles que venían reflexionado sobre el impacto de la conquista de América en relación con los principios religiosos y morales de la destrucción de las culturas originales del nuevo continente. Las decisiones sobre el tema de la esclavitud en Asia, oscilaban entre la autorización del comercio esclavo no-filipino y, al propio tiempo, la sujeción de trabajo de los indios filipinos, a quienes formalmente no se les denominaba esclavos. En la realidad se permitía la importación de esclavos procedentes de África, India y otras regiones,  pues así se cumplía con las normas establecidas por el sistema legal y se complementaba la fuerza laboral de las islas.

Un estudio reciente de Tatiana Seijas ofrece una mirada sobre las diferencias en el tipo de esclavismo prevaleciente en los siglos XVI y XVII, y procura dar seguimiento a la trata de esclavos procedentes de áreas no africanas, en especial de la India. La investigadora elabora su ensayo en torno al caso de Catarina de San Juan a fin de ilustrar este tráfico de seres humanos.

La dinastía de los Habsburgo, señala Seijas, permitió a los comerciantes portugueses el control del transporte y de las redes de abasto que hicieron posible el comercio esclavo. Los manileños, como se llamaba a los españoles residentes en Filipinas, intentaron con poco éxito restringir la actividad de los comerciantes portugueses, particularmente los de Macao, con la queja principal de que podrían dominar el sistema de comercio de la Nao de China y reorientar los flujos de ese comercio hacia sus propios territorios, más cercanos a Cantón. El objetivo de los españoles consistía en que los comerciantes cantoneses comerciaran directamente con los residentes en Filipinas, eliminando la intermediación portuguesa e incrementando sus ganancia en mercancía destinadas a América.  Sin embargo, explica Seijas, la dependencia de Filipinas de sus importaciones, incluyendo alimentos, garantizaba la permanencia de los portugueses en el comercio intra-regional. 

La investigadora ofrece varios ejemplos de que las actividades comerciales portuguesas continuaron, incluyendo la trata de humanos, bajo la tolerancia de las autoridades filipinas: en 1670, un capitán portugués hizo entrega de un cargamento de esclavos en el puerto de Manila procedente de Bengala, También en 1690, datos de la Compañía Holandesa de Indias Orientales (VOC) señalan que un barco con doscientos esclavos, zarpó de Malaca con destino a Manila.

Como se mencionó en la entrada anterior de este blog, los funcionarios en Manila tenían una preocupación adicional, pues los portugueses eludían pagar las tarifas. La Audiencia de Manila informó a España en 1584 y en 1586 que los comerciantes lusitanos no pagaban impuestos sobre los esclavos traídos de la India y Macao, ni tampoco por los que eran exportados a la Nueva España. La sugerencia era muy práctica, en el sentido de obligarlos a pagar impuestos, pero años después, en 1605, la queja era la misma. Fue hasta 1612 cuando se estableció el pago de almojarifazgo, impuesto al comercio exterior sobre mercancías y esclavos, en siete barcos procedentes de Macao.

"Aquí suelen venir cada año uno o dos navíos de portugueses... Malaca y Macao con mercaderías y esclavos...derechos de tres por ciento de almojarifazgo como lo pagan los sangleyes...el gobernador no quizo que lo pagasen... es cosa a mi parecer justa que lo paguen tanto de la ropa como de los esclavos y así lo mando a pagar y se cobre de un navío que aquí vino en tiempo de Gomes" AGI Filipinas 29-57-382r-404v (1595). AGI Filipinas 34-78-796r-809r (1588), citados por Tatiana Seijas.

Otros componentes del análisis de Seijas es la diferenciación que se hacía entre los esclavos procedentes de Africa, India o el Sudeste de Asia, que para los portugueses era indistinto, más no para los compradores, quienes preferían la mano de obra africana para cierto tipo de trabajo rudo y la del sur y sudeste de Asia para servicio doméstico y artesanal. También toca el tema del comercio de mujeres esclavas para servicios sexuales, como concubinas en algunos casos y como prostitutas en otros. 

El comercio integrado

Una dificultad patente es la carencia de estadísticas del tráfico de esclavos, si bien existen numerosas evidencias de esta realidad que modeló a las sociedades alrededor del planeta. En el caso del comercio en el Atlántico, se estima que alrededor de 4.5 millones de africanos fueron llevados a América. Los portugueses desarrollaron la industria del azúcar en Brasil con esa fuerza de trabajo. Más tarde, el descubrimiento de oro y diamantes a fines del siglo XVII aceleró el tráfico de seres humanos. En contraste, el masivo movimiento esclavista en la región asiática es menos estudiado. Richard B. Allen estima que entre los años 1500 y 1599 los portugueses movieron alrededor de 12,500 y hasta 25,000 esclavos en el espacio del Océano Indico; cifra que se repite en el período 1600-1699.

Los estudios citados tratan de mostrar la dinámica mundial de esta industria esclavista en la edad moderna, que forma parte del proceso de expansión de las potencias europeas en el mundo. Con la irrupción de holandeses, ingleses y franceses en los espacios dominados por Portugal y en parte por España, tal sistema se aceleró y se volvió más sofisticado; inclemente para las poblaciones de Africa, India y el Sudeste de Asia.

Seguiremos el tema en las próximas entradas.
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"Otra característica del portugués era que sus gentes solían permanecer en Manila todo el invierno esperando muchos meses que se aceptasen los precios altos que ellos solicitaban, o enviando sus géneros a Acapulco en el galeón con la mediación fraudulenta de algún agente español. A veces producía sorpresas la prodigalidad de los comerciantes lusitanos, el Padre Díaz (sin indicar fechas), al comentar que son tan corteses y acostumbrados a cumplir con las obligaciones de la nobleza, señala su tren de gastos, que les hace regresar a Macao en la ruina, como ocurrió este año con Joao Tabora, caballero de la Orden de Cristo, que gastó las riquezas que trajo con él, que eran muchas, en galanterías y en fiestas de toros". William Lyte Shcurz, El Galeón de Manila, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1992. pp. 145-146.

Tatiana Seijas. The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580-1640. Itinerario. Volume 32 (March 2008), Issue 1. Published online 11 January 2010.

Richard B. Allen, Satisfying the "Want for Labouring People": European Slave Trading in the Indian Ocean, 1500-1850, Journal of World History, Vol. 21, No.1, 2010, University of Hawai'i Press, 2010. p.64.

sábado, 5 de octubre de 2013

Defensores del esclavismo

La historiografía del Pacífico tiende a olvidar aspectos amargos del intercambio humano a través de ese enorme océano. A excepción de estudios especializados, se conoce poco el tema del tráfico de seres humanos en sus diversos matices, que van de forzados y reclutas, migrantes involuntarios, hasta esclavos en toda la forma.  En cambio es común la descripción de viajeros que por voluntad propia transitaron de un punto a otro en ese inmenso recorrido marítimo y en afortunadas ocasiones dejaron testimonio escrito de su experiencia. Documentos históricos dispersos, en espera de nuevos investigadores, conservan la historia no escrita incluso cuidadosamente oculta de la experiencia esclavista en el Pacífico.

Es importante señalar que en el período inicial de la ruta del Galeón, toda la movilización humana de aquella época se realizó conforme a un sistema integrado bajo los poderes imperiales español y portugués, especialmente en el período en que las coronas estuvieron unificadas entre los años 1580 y 1640.  En ese sistema, paradójicamente, se integraron desde el siglo XVI y hasta el siglo XVIII los otros poderes europeos en disputa por Asia y el Pacífico: la Compañía Holandesa de Indias y tardíamente también los intereses de Inglaterra. Cientos de miles de seres humanos pertenecieron a ese trasiego económico y cultural, en una gran proporción de manera forzada, involuntaria, sometida. Visto de esta manera es posible encontrar un vínculo que relaciona a negros africanos en Filipinas, China o India; malayo-filipinos marineros en las galeras de los galeones; esclavos del sur y sudeste de Asia y hasta de Japón y China en Europa o América. Era un sistema integrado, quizás el primero verdaderamente global.

Antes, como ahora, sigue habiendo poca claridad en la descripción de la variedad de formas de sumisión laboral que prevalecían en diversas culturas en Africa, Oriente Medio, India y el Sudeste de Asia. Los colonizadores utilizaron hábilmente el concepto que para ellos era más adecuado al tomar prisioneros legítimamente como presas de guerra y comerciar con aquellos individuos, hombres, mujeres, niños, que en sus comunidades estaban obligados a trabajar sin retribución, principalmente por deudas y también por otras razones sociales. El tránsito era sencillo para convertirlos en esclavos y transportarlos a cualquier rincón del mundo. Por principio de cuentas, a los ojos de los europeos, eran infieles, no católicos, y por tanto susceptibles de ser prisioneros producto de una guerra justa

Paulatinamente ha emergido un mejor conocimiento de este fenómeno, que formó parte del sistema comercial y de dominio en el planeta. Mucho se sabe de las hornadas de esclavos africanos con rumbo a América, pero aún existe un velo de silencio en cuanto a la migración forzada asiática hacia el nuevo continente. En las próximas entradas de este blog intentaremos mostrar parte de tales investigaciones que permiten ver de manera más clara, primero la confusión existente entre esclavitud organizada, llana y clara, y las formas de manumisión preexistentes en las sociedades asiáticas. En segundo lugar, la sorda lucha que existió en las élites imperiales para contener el abuso sobre los pobladores y tratar de apegarse a valores consagrados en las leyes de la religión, con muy pobres resultados.

Filipinas, punto de llegada y punto de partida

Hemos abordado el tema del esclavismo entre Filipinas y la América hispana desde varios ángulos, comenzando por el abuso del régimen de encomienda. También se han descrito las formas que se usaron para enmascarar la trata de personas y la demanda de esclavos entre las élites hispanoamericanas. Una serie de textos nos ha permitido recordar que también mexicanos de origen humilde sirvieron obligados como soldados o reclutas en tierras asiáticas. El destierro tanto en Filipinas como en América fue el destino final de muchos insurrectos. En suma, viajeros involuntarios. Volvamos al principio.

Desde la fundación de Manila, se debatió la legitimidad de tener esclavos filipinos. Por lo general se argumentaba que la esclavitud que hacían los filipinos de sus propios pueblos era moralmente tan negativa como hubiera sido la esclavitud entre ciudadanos españoles. En 1574 el Rey Felipe II, teniendo conocimiento que “hay muchos indios privados de su libertad y que han sido tiránicamente esclavizados” nombró un ministro para investigar estos casos y restaurar la libertad natural de las víctimas.


Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, Malate, Manila.


En 1582, bajo la guía del primer obispo Domingo de Salazar, dio inicio en la Catedral el Sínodo de Manila, que congregó a 90 religiosos y tomó conocimiento de las opiniones de todos los sectores de la nueva comunidad reunida en la ciudad, incluso de los jefes indígenas. A lo largo de cuatro años abordó temas delicados y de trascendencia para todo el imperio, como la legitimidad del uso de la mano de obra indígena, la recolección de tributos, la legitimidad de la esclavitud, la enseñanza de la religión, la traducción y publicación de doctrinas en otras lenguas distintas al español, y en general el tema que hoy llamamos derechos humanos. El Sínodo concluyó que de “veinte o más formas de esclavismo, ninguna es justificable” aunque el obispo Salazar pensó “que algunos son esclavos legítimos”. A la distancia, ese evento marcó la pauta de lo que era el abuso sobre las poblaciones y aún cuando las prácticas semi-esclavistas o el descarado esclavismo continuaron se atemperó la legitimidad de esta acción.

Todos los europeos dueños de esclavos pensaban que la abolición general de la esclavitud no sólo sería injusta, sino que produciría una disrupción social y económica en la colonia, si no es que una rebelión. La Asamblea General de 1586 propuso una fórmula para reducir gradualmente el número de esclavos y que fuera aprobada por el Rey: todos los niños deben nacer libres (ley de vientres libres), no se harán nuevos esclavos y se debe fijar un precio justo para que los esclavos paguen su libertad si pueden.

En Madrid, una comisión real aprobó el plan, pero el Rey no lo puso en práctica. En cambio, instruyó al gobernador Gomez Pérez Dasmariñas para poner en práctica la vieja ley que negaba el derecho de los españoles a tener esclavos filipinos. Felipe II trató continuamente de proteger a los filipinos de los abusos de los españoles, pero nunca quiso ni en este caso intentó reestructurar a la sociedad filipina.

Múltiples crónicas de los siglos XVI y XVII mencionan la persistencia de la esclavitud entre los filipinos y atestiguan las variaciones de precios de la mercancía. En cierta medida, los españoles se acostumbran a ver a ese mercado de manera natural, que sólo inquietaba un tanto porque cuando los españoles preferían negros para el trabajo pesado, el precio de éstos aumentaba, comparado con el de los indios.

Los esclavos no filipinos, procedentes de diversas regiones africanas, de la India y en general de los dominios portugueses constituían un jugoso comercio que generaba dos tipos de conflicto: el pago de impuestos y la seguridad. Por una parte, la queja de la Audiencia de Manila era que esa importación de esclavos no pagaba impuestos, se cometían muchas ofensas a Dios en los barcos cargueros, y la presencia de un ingente número de esclavos negros amenazaba la seguridad de las islas. En 1605 se reportó la presencia de muchos esclavos que huyen y cometen desmanes. "Que hay muchos negros esclavos traídos por los portugueses que huyen se convierten en borrachos y salteadores" AGI Filipinas 27-51-310r-336v (1605).

Por lo tanto, en la práctica, el esclavismo en Filipinas se mantuvo como una institución legal en la colonia, y su legislación actuó sólo para remediar los excesos. Trató, por ejemplo, de que cada esclavo sólo tuviera un amo. En 1598 la Audiencia dictó que cuando se establezca un estado (negocio) los esclavos no deben ser compartidos sino vendidos y la ganancia dividida, o si uno de ellos retiene un esclavo, esta parte debe pagar a la otra por los derechos de ésta. Pero al año siguiente, en 1599, reconsidera y ordena que los abogados y fiscales deben seguir la costumbre local en cuestión de “esclavizaje, división de herencias, esclavos, matrimonio, dotes y otras cosas”. 

Una nota de Tatiana Seijas señala: "Real Cedula...sobre sacar de la ciudad de Manila a los 400 o 500 negros libres y libertos que en ella había, por los robos que hacían ayudados de los esclavos y desordenes que provocaban. La ciudad pretendía que se les expulsase a 9 leguas y los Jesuitas ofrecieron una isleta que tenían en el río para que se poblasen allí y darles doctrina junto a los chinos. Se considera que esto también puede ser peligroso." AGI Filipinas 330-4 40v-42r (1638).
Volveremos sobre este enorme asunto.
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William Henry Scott. Slavery in the Spanish Philippines. De La Salle University Press. Manila. Segunda Edición. 1994.

Tatiana Seijas. The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580-1640. Itinerario. Volume 32 (March 2008), Issue 1. Published online 11 January 2010.

martes, 1 de octubre de 2013

Biblioteca Digital Mexicana

Un grato encuentro en internet. Así es la presencia de la Biblioteca Digital Mexicana que forma parte de CONACULTA o Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Un repositorio electrónico creado a fines de 2010 en común acuerdo por el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, el Centro de Estudios de Historia de México CEHM-Carso y el mencionado Consejo.

"Hoy en día muchos archivos y bibliotecas están digitalizando sus fondos y abriendo páginas de internet donde muestran una selección" se indica en la presentación de la página. "La novedad de esta iniciativa es que es interinstitucional en su dirección y en su convocatoria", así que el acervo podrá mostrar documentos depositados en diversos archivos y con ello la riqueza documental del país dentro y fuera de él.

La doctora Andrea Martínez Baracs preside este modesto gran proyecto.

La Biblioteca cuenta ya con importantes documentos en línea, como los códices Chavero de Huexotzingo,  Colombino,  Huamantla, Sigüenza. También figura un Catecismo Testeriano (1524), el Códice Totomixtlahuaca (c. 1570) y el libro en náhuatl Huey Tlamahizoltica (1649), documento clave para la historia guadalupana. El códice Techialoyan de Cuajimalpa y la serie de Códices del Marquesado del Valle, ambos reconocidos como Memoria del Mundo por la UNESCO.




Para los lectores interesados en el Pacífico también hay prometedores encuentros:

El testamento de don Rodrigo de Vivero, Gobernador y Capitán General de la Ciudad de Manila y sus Yslas, sin fecha, que forma parte del Patrimonio cultural del Tecnológico de Monterrey.

La Mapoteca Manuel Orozco y Berra aporta dos planos y un mapa de 1780 con las costas occidentales de la Nueva España, California, Japón, Mindanao y Célebes, así como un plano de la Bahía de Manila y otro del puerto de Acapulco.

José María Montes de Oca, Vida de San Felipe de Jesús. Protomártir del Japón y Patrón de su Patria, editado en México en 1801 y que constituye un magnífico ejemplo de la iconografía del siglo XIX que educó a varias generaciones acerca de los acontecimientos en Japón. Una especie de fotonovela que reboza de imaginación.

Felicidades a la doctora Martínez y por supuesto a los lectores por este tipo de nuevas instituciones digitales.