viernes, 23 de noviembre de 2012

Gonzalo Ronquillo, gobernador y comerciante


Gonzalo Ronquillo de Peñalosa fue el cuarto gobernador general de las islas Filipinas. Llegó a Manila el primero de junio de 1580 y en los tres años que gobernó el archipiélago hasta su muerte en 1583 mantuvo un control férreo sobre la colonia y sus moradores, lo que motivó que fuera duramente criticado por el arzobispo de Manila, Fray Domingo de Salazar, y por Francisco de Sande quien lo había precedido en el cargo y cumplía desde la Ciudad de México el cargo de Oidor. Se le acusó de corrupción, de permitir el abuso de los encomenderos contra los indígenas y propiciar el enriquecimiento de familiares y allegados.  Al morir dejó en el cargo a su sobrino Diego Ronquillo.

Su carrera política había iniciado tiempo atrás en Perú, donde llegó como parte del séquito del virrey Diego  López de Zúñiga y Velasco Conde de Nieva en 1561. En los hechos fue enviado por su encumbrada familia para afincar intereses económicos en América, en una época de inestabilidad y conflicto en el Perú, pero propicia para los negocios privados y el rápido enriquecimiento. El mecanismo empleado era impecable: ocupar cargos en la corte virreinal para usufructuar encomiendas y dinero público. Regresó a España y pasó un breve tiempo por la Ciudad de México en una rápida carrera dedicada al beneficio privado en puestos públicos. Diez años más tarde era nombrado Gobernador General de las islas Filipinas, pero pronto se evidenció que mantenía sus intereses en Perú y en España.



En contravención con el decreto real del 14 de abril de 1579 que prohibía el comercio entre Filipinas y Perú, el gobernador Ronquillo envió tres barcos de Manila a El Callao, primero dos en julio de 1580 y un tercero en junio de 1581. El último de ellos iba con el pretexto de remitir artillería para la defensa de Lima. Era tan claro el interés de abrir la ruta de Manila al Callao para aprovechar en su beneficio el comercio de mercaderías asiáticas que provocó de inmediato la molestia de los comerciantes de la Nueva España quienes temían perder el monopolio del comercio con el Extremo Oriente.  Fernando Iwasaki describe así este enredo:

En México causó gran malestar la nueva de la nave de Ronquillo, no sólo por la amenaza que representaba para el monopolio de Acapulco, sino por la fundada sospecha de la evasión de los impuestos sobre las mercancías por parte del gobernador. Alertada la Corona por el virrey novohispano, el 11 de junio de 1582 se promulgaron tres fulminantes reales cédulas dirigidas a Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, al virrey Martín Enríquez (de Almansa, del Perú) y al conde de La Coruña (Lorenzo Suárez de Mendoza) virrey de la Nueva España.  En ellas se prohibía de manera terminante la navegación directa entre Perú y Filipinas, pero además se solicitaba una investigación exhaustiva del contenido de las naves despachadas, tanto en Lima, Acapulco y Manila. Sin embargo, ignorante de la resolución tomada contra él en Lisboa, Ronquillo seguía insistiendo en que sólo había enviado artillería para socorrer al Perú. 

Si el peregrino argumento de enviar artillería desde la lejana colonia filipina, que constantemente se quejaba de carecer precisamente de una buena defensa, era francamente inaceptable, el problema se recrudeció con el testimonio del Virrey en el Perú, quien evidenciaba que la famosa pieza de artillería era un cañon pedrero de doze quintales y ochenta quintales más en otras armas. El resto de la carga de la nao Nuestra Señora de la Cinta, que por cierto era capitaneada por Pedro Mercado de Peñalosa hermano del Gobernador, se describió de esta manera:

...ha ymbiado un navío con cantidad de cosas de China que son porçelanas y sedas y especería y hierro y sera y mantas y seda en maço y otras buxerías que son las que suelen traer y todo se ha vendido bien, sino ha sido la canela que tiene mala salida por no ser buena. Y lo que señalaba ser de la Real Hazienda eran como quatrocientos quintales de hierro y ciento y noventa quintales de especería en que entrava canela, pimienta y clavo.

La mentira del gobernador Ronquillo se acrecentaba, contrastada con los testimonios brindados por pasajeros y comerciantes en una indagatoria ordenada por la Corona en 1582. La parte más comprometedora era el hecho de que muchas mercancías eran propiedad del propio Gobernador de las FIlipinas y que tenía en Lima compradores ligados a su estancia anterior. Las redes familiares tejidas durante décadas abarcaban intereses verdaderamente globales, desde España a México, de Perú a Filipinas.

El tiempo corrió como siempre, más lento en las investigaciones burocráticas, pero veloz para el gobernador Ronquillo quien murió en Manila al año siguiente. Sin embargo, como veremos, la tentación de continuar con el prometedor comercio con Oriente se mantuvo en Lima por mucho más tiempo.
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Fernando Iwasaki, Ibidem, pp 32 y ss.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Mercadurías chinas en Perú

Un comerciante portugués que recorrió Perú durante la segunda y tercera  décadas del siglo XVII, Pedro de León Portocarrero, apenas conocido como el judio portugués, realizó un amplia descripción de la naturaleza y las costumbres del virreinato del sur de América. Tales observaciones se hallan en una obra descubierta a principios del siglo pasado y descifrada podemos decir hasta el año 1958, cuando se definió con más claridad el origen del autor y sus posibles intenciones de localizar oportunidades para el comercio entre Europa y América que escaparan del control español.

Se ha mencionado la posibilidad de que sus observaciones pudieran servir para potencias enemigas a la Corona española, pero sobre todo se descubre el ávido interés del comerciante en busca de espacios para sus negocios. Como extranjero fue rechazado en las regiones por donde anduvo y fue calificado como portugués y además como judío.

Se ha destacado que la obra tiene elementos a favor de la cultura indígena y su crítica a la dominación española. Escribe que los españoles maltratan a los indios que “traen muy oprimidos” y que los religiosos abusan de ellos “sus doctrineros les cogen todo su bien”. Al admirar la obra arquitectónica de los incas hace comparaciones interesantes con otros portentos del mundo:  “Aquí se ven sus piedras de tanta grandeza y tan bien labradas que exceden a todo encarecimiento y lindeza”, al grado de comparar el Camino del Inca con la Muralla China: “le hicieron los indios un camino por las montañas. todo de una igualdad y derecho subiendo valles y bajando montañas y pasando ríos y allanando las mayores dificultades del mundo le hicieron el camino más insigne, obra más excelente que se encuentra en el mundo, porque aquella famosa muralla que tienen los chinos, que los divide de los tártaros, no es más famosa que este grande camino”.

Un punto de interés para el que esto escribe es la descripción que Portocarrero hace de los productos orientales que llegaban a Perú alrededor de 1610 a 1625, cuando él estuvo en el país.  Cabe destacar que este comercio estaba prohibido desde el siglo anterior y sin embargo continuaba impetuoso como un río de productos asiáticos que técnicamente eran contrabando, pero que se amparaban por mil vericuetos legales y la complicidad de la corrupción.

De las mercadurías que vienen a México cada dos años de la China, se llevan al Perú grandes partidas de tafetanes y gorboranes enrollados y otros de librete, damascos ordinarios y damascos mandarines, que los madarines son los señores de los vasallos de la China, y estos damascos les pagan sus vasallos de tributo y otras sedsa, y todos los que se llaman mandarines son los mejores que vienen de la China, rasos de muchas suertes, en particular vienen muchos de lustre blancos de Lanquín, picotes y azabachados, muy lindos terciopelos llanos y labrados, negros y de colores, mucha diversidad de colchas y sobrecamas de muy varios colores. Grandes partidas de cates de seda blanca torcidas de Aucho y Chaguei y Lanquín y muchos cates de seda floja y de matices de colores, tocas de seda para mujeres y tocones. Llévase almizcle, algalia, ámbar negro, muchas y finas porcelanas y otras mil lindezas, y toda es ropa en que todos ganan y se vende bien y se visten de ellos los pobres, porque son sedas baratas y se traen muchas mantas de Lanquín, que son telas de lienzo feito (hecho) de algodón, blancos y azules. Lima es ciudad rica y regalada, la mejor ciudad de la América, abastecida de cuantas mercadurías se benefician y labran debajo del cielo.

Si tales productos se comerciaban a la luz del día, a pesar de las prohibiciones reales, estamos ante una simulación que benefició a comerciantes, consumidores y sobre todo a los burócratas del imperio, desde  Filipinas hasta Perú, pasando por México, de modo tal que el engranaje se aceitaba convenientemente en cada una de las plazas. En las frecuentes declaraciones oficiales, se escribía a la Corona que este comercio no valía la pena y que consistía en mercancías de mala calidad que sólo consumía la gente de bajo nivel. Ello no explica la cuantiosa salida de plata peruana y el ingreso de ingentes cantidades de productos asiáticos de todas las calidades. En próximas entradas intentaré mostrar parte de estos mecanismos amparados en la corrupción y el disimulo.
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Carlos Guillermo Carcelén Reluz, Universidad Nacional Mayor de San Marcio / IFEA, Espionaje, guerra y competencia mercantil en el siglo XVII. El judío portugués Pedro de León Portocarrero, autor de la Descripción del Virreinato del Perú.

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibVirtualData/publicaciones/inv_sociales/N22_2009/pdf/a06.pdf

Fernando Iwasaki Cauti, Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI. Colecciones Mapfre 1492, Madrid 1992.



sábado, 10 de noviembre de 2012

Chinos en Perú

Las huellas e influencias de Oriente en la América virreinal no se restringían, como es obvio suponer, al virreinato de la Nueva España, con asiento en la ciudad de México, sino que se expandía a otras provincias y hasta el virreinato del Perú.

Estuardo Nuñez identifica varios indicios de tal influencia en la cultura peruana de los siglos XVI y XVII, En las crónicas se mencionan, aunque de pasada, chinos entre la población limeña,

En el Diario de Lima de Mugaburu se anota la muerte de un chino en el barrio del Cercado en 1656, y también que un chino mató a un español en agosto de 1649. Naturalmente este escueto dato encierra una realidad mayor ya que los chinos desempeñaron siempre oficios humildes u ocupaciones modestísimas y los ¨diarios¨ dan cuenta por lo general de sólo lo acaecido a personas visibles de figuración política o social.

El mismo cronista informa que durante un festejo popular en el año de 1656 se indica que hubo fuegos de artificio.
Sábado veinte y uno del corriente empezaron los del comercio sus fiestas. Y este día a la noche, hubo los mayores fuegos que ha habido en esta ciudad. Entraron los fuegos en la plaza a las cinco de la tarde por la calle de la Puente (sic). La primera entró una sierpe de 7 cabezas, figura muy para ver, en un carro con dos mulas y cuatro negros de librea, con sus montantes de fuego cada uno. p25. 

¿un dragón chino en el cielo de Lima? Creo que es elocuente muestra del oriente en el virreinato del sur.

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Estuardo Nuñez Huellas e Influencias de Oriente en la cultura peruana de los siglos XVI y XVII, en la expansión hispanoamericana en Asia. Siglos XVI y XVII, Ernesto de la Torre Villar, compilador, pp. 149-161

Mugaburu, Josephe y Francisco de, Diario de Lima, Lima, Concejo Provincial, 1935, p. 275.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Sampán

La palabra 三板 (San Pan) designaba a una embarcación que surcó los mares y grandes ríos de China desde hace casi mil años. En la foto aparece un modelo que representa el llamado barco de Cantón hecho en la provincia del mismo nombre (en chino es Guangdong). Es una construcción resistente y muy práctica cuyo nombre significa tres tablones, sin quilla y con una popa recortada. Podía ser de remos o, como en la imagen, de velas de tela que le proporcionaban gran fuerza. En algunas ocasiones tenía una pequeña habitación en la cubierta.


Este tipo de navíos era el que acarreaba mercancías hacia Filipinas y formaba parte del paisaje de Manila. Era el vehículo en el que llegaban los productos que posteriormente se transportaban al famoso Galeón de Manila.


En la cédula que cubre parte de barco chino se informa que este modelo lleva por nombre Piloto. Foto tomada en las oficinas del Consejo Chino de Comercio Internacional en Pekín.