sábado, 25 de junio de 2011

Arte y política


La corte china mantuvo con gran aprecio a los misioneros jesuitas que les proporcionaban las últimas novedades de la cultura europea, la astronomía, la pintura y la música. De esta última, el contraste con la tradición china era muy notable, ya que el desarrollo del contrapunto, la complejidad de los coros y el entramado de muchos instrumentos barrocos era difícilmente asimilable para el oído chino. Finalmente, la música de cámara, sobre todo flauta y clavecín resultó ser un sonido más aceptable para el gusto de los asiáticos, como lo demuestran diversas obras compuestas, en aquel país, por artístas europeos.

La presencia de misioneros con dotes artísticas fue un gran logro para el propósito jesuita, interesados en influir a los jerarcas chinos por medio de los sentidos el razonamiento. Lo curioso es que la llegada de un religioso no jesuita, como fue el caso del italiano Teodorico Pedrini (1671-1746), significó también la primera ocasión en que los emperadores chinos conocieron las contradicciones entre las diversas congregaciones católicas europeas.

Luego de un prologado viaje que pasó por Perú, México y las islas Marianas (Guam), Pedrini se asentó en China por más de veinte años y sirvió a tres emperadores sucesivos. Escuchemos la sonata número 1 para violín, que fue compuesta e interpretada en Beijing en pleno siglo barroco.




Como músico de la corte china, Pedrini educó a tres hijos del emperador Kangxi, construyó instrumentos europeos y arregló los que ya existían en el palacio imperial. Escribió en Beijing un tratado de música occidental que fue publicado en aquel país y posteriormente fue incorporado a una enciclopedia china en el año 1781. Parte de su obra musical se encuentra recopilada en la Biblioteca Nacional de Beijing.
El entusiasmo por reencontrar aquella música creada en el otro extremo del mundo ha conducido a músicos como Pedro Bonet, de España, o Jean-Cristophe Frisch, de Francia, a recorrer los caminos del barroco nómada que envolvió al mundo en el siglo XVIII.

martes, 21 de junio de 2011

Ruta Quetzal

El pasado jueves 16 de junio comenzó en Lima, Perú, la expedición Ruta Quetzal que organiza un conocido banco español. Se trata de un recorrido que involucra a 224 jóvenes de 53 países, en un proyecto educativo que tiene dos décadas de actividades.

Durante cinco semanas los jóvenes seguirán los pasos del religioso español Baltasar Jaime Martínez de Compañón (Cabredo, Navarra, 1737-Bogotá, 1797) para conocer las culturas prehispánicas moche, chimú y chachapoyas. La expedición regresará a España y recorrerá los lugares por donde pasó el famoso obispo español.

Excelente oportunidad para que nuevas generaciones conozcan más acerca de la historia de la interacción cultural de América y España.




El Códice Trujillo, compilado durante el mandato del obispo Martínez Compañón, contiene piezas musicales del barroco popular, de magnífica calidad.

domingo, 19 de junio de 2011

Hablando en plata


El chino es un idioma difícil. Generaciones enteras de extranjeros han aprendido que ese idioma es tan poderoso como la Gran Muralla para contener los ímpetus foráneos de conquista sobre el pueblo chino. Podría decirse que sólo unos pocos en la historia han logrado penetrar esa barrera, entre los que se destacan los misioneros jesuítas.

En cambio, por siglos la lengua franca entre China y Occidente fue la plata. El intercambio de bienes y el flujo constante del preciado metal redujo las distancias y la falta de entendimiento entre culturas de Europa, América y Asia. En la actualidad se revisan las interpretaciones históricas que han prevalecido por siglos acerca de este comercio y se busca ubicar en sus dimensiones correctas el enorme intercambio del metal entre China y Occidente (en el que América juega un papel central) como base del surgimiento de la primera globalización verdaderamente mundial.

Entre 1500 y 1800 los centros plateros de América, sobre todo en la actual Bolivia (dentro de virreinato del Perú) y México produjeron alrededor de 150,000 toneladas de plata. Esto representa casi el 80 por ciento del total mundial en ese período. Una parte sustancial fluyó directamente hacia China, que fue transformada en su sistema de vida interno, en su economía y perspectivas de su población. En la primera parte del seiscientos Japón también fue importante fuente de producción del metal, con destino casi exclusivo hacia China.

Decenas de estudios históricos han abordado el tema, pero generalmente desde visiones parciales, como el comercio atlántico, bajo el dominio español de América y el proceso que transformó a las sociedades indígenas en pueblos mineros. Ello ha permitido abordar aspectos del régimen jurídico, de propiedad y exacción de recursos de las minas americanas, pero rara vez tales interpretaciones se han ligado a una visión de conjunto; sobre el funcionamiento del sistema global, autores como Pierre Chaunu , Ferdinand Braudel en los años sesenta o Immanuel Wallerstein décadas más tarde ofrecieron perspectivas panorámicas de esta integración globalizadora.

El trabajo de Chaunu, que hemos mencionado en este blog, ofrece un alud de información estadística sobre el comercio transpacífico, resultado de los informes comerciales que se acumulaban en los archivos oficiales. Sin embargo, son estimaciones conservadoras, debido a que los registros tienden a ocultar la producción que buscaba escapar del pago de impuestos a la corona española o las transacciones que se fugaban hacia Europa o Asia. Para varios historiadores, el comentario de Chaunu sobre el monopolio español en el Pacífico encendió de orgullo sus corazones nacionalistas (Filipinas como una colonia gobernada desde México), pero su estudio monumental no llegó a ser, ni lo pretendía, una visión global del sistema de comercio, en el que la plata jugaba un papel central.

Desde hace algunos años, comienza a gestarse una visión histórica que revisa tales análisis y ofrece nuevas perspectivas, digamos menos nacionalistas. Estudiosos como Alfred W. Crosby, Dennys Flynn, Arturo Giráldez, Manel Ollé, Anthony Reid, entre otros, han intentado enfoques más integrales, interdisciplinarios y si se me permite ¨orgánicos¨ de la interacción entre el comercio y las culturas que lo ejercían.

Los ciclos de la plata

Abundaremos en el tema, pero por lo pronto dejemos asentada aquí la opinión de dos historiadores (Flynn y Giráldez, 1995 y 2002), quienes advierten que el estudio del desarrollo de regiones en los siglos XVI y XVII puede hacer perder de vista las articulaciones que ya existían en la economía global. Aunque algunas regiones ascendieron y otras descendieron en su propio desarrrollo, es crucial observar la forma en que se integraron al sistema mundial. Para ello analizan los ciclos de producción y distribución de metales en aquellas épocas y distinguen dos ciclos principales:


  • la primera fase se desarrolló entre 1540 y 1640 contando al Potosí y a Japón como los principales centros productores de plata y

  • la segunda fase se concentró en la plata producida en la Nueva España en la primera mitad del siglo XVIII, el setescientos mexicano.


Lo distintivo de ambas fases (los autores llaman ciclos de la plata) es que la integración mundial provocó en cada uno de ellos severos cambios en los patrones demográficos y ambientales, tanto en China como en América y en Europa, que guardan una relación pocas veces estudiada en su conjunto.

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Dennis O. Flynn y Arturo Giráldez, ¨Cycles of Silver, Global Economic Unity through the Mid Eighteenth Century¨, Journal of World History, University of Hawai´i Press, Vol. 13, no. 2, 2002, pp. 391-427.

Dennis O. Flynn y Arturo Giráldez, 1995a, ¨Born with a Silver spoon: The Origin of World Trade in 1571¨, Journal of World History, University of Hawai´i Press, Vol. 6, no. 2, 1995, pp. 201-221.

sábado, 4 de junio de 2011

China se cierra al mundo

No, no existió un momento preciso en el que China se cerró a la influencia externa. Se trata, y siempre ha sido así, de una tendencia presente en su cultura en la que busca proteger al país de las amenazas que se perciben en el exterior. Las turbulencias políticas que atravesó China en el siglo XVII, la transición rápida y violenta de una a otra dinastía en 1644, colocó al comercio fuera del control gubernamental y generó tremendos cambios, sobre todo en el sudeste de Asia, forjando plazas comerciales y ciudades-emporio como Manila, Macao o Batavia. Lo que me interesa definir aquí es el encuentro entre la concepción europea, dominada por el pensamiento mercantilista y las acciones chinas, de defensa y control del comercio.

El pensamiento europeo, en plena expansión colonial, era de una simpleza aterradora: debido a que la riqueza de una nación depende de la acumulación de metales preciosos (oro y plata sobre todo), la mejor opción era exportar a otros países y reducir la importación al mínimo necesario. Para los imperios europeos en expansión, el dominio sobre América resultaba la plataforma ideal, con la plata producida en   Perú y en la Nueva España, para continuar hacia el continente asiático, tentados por las inimaginables riquezas de China.

El problema subyacente, que condujo a una profunda crisis sobre todo de la península ibérica en el siglo XVII, fue la incapacidad de crear una industria propia en España y Portugal. Las coronas de Lisboa y Madrid ocupaban enormes territorios pero no medían su fuerza y en los hechos no podían controlar todos sus dominios. Aspiraban a ser grandes, pero a diferencia de China, aún no lo eran. Los virreinatos americanos adquirían mayor fuerza y en ciertos momentos soñaron con la posibilidad de actuar por su cuenta. Diversos relatos de los que hemos dado cuenta en este blog hablan de iniciativas mexicanas... para ¡ invadir China !.

Para China, el atractivo de la plata americana a partir del siglo previo, a mediados de 1500, significó un acicate a su comercio. En aquel momento los chinos recibieron de América productos nuevos para enriquecer su cultura y alimentación, como la papa y el maíz. La diferencia fundamental es que los chinos contaban en abundancia con manufacturas disponibles para la exportación, sobre todo porcelanas, textiles varios y sedas, tan atractivas para el consumo suntuario de los americanos y europeos. En el siglo XVII ese comercio quedó en manos de piratas y forajidos de origen mixto (chinos, japoneses, malayos), que entraban y salían de las costas del sur de China afrontando grandes riesgos.







Diversos especialistas han reflexionado sobre este asunto y parecen coincidir en esta apreciación, aunque no necesariamente en cuanto a las fechas, pues se trata de procesos de larga duración. Mungello señala por ejemplo que a principios del siglo XVI los portugueses fueron capaces de acercarse al imperio chino con propósitos meramente comerciales, más que de expansionismo colonial, y así fueron vistos por los mandarines, como simples extranjeros tributarios. Así fue tratado por ejemplo, Tomé Pires, quien viajó de Malaca a Cantón en 1517, con la intención de llegar a Beijing. Esperó en vano seis años para ver al emperador Zhengde, y murió en las mazmorras de Cantón sin lograr su cometido.  Sin embargo, desde su prisión logró transmitir el mensaje a Portugal de que era necesario lanzar una expedición punitiva contra China.

En aquel momento, Portugal tenía un millón de habitantes y China cerca de 150 millones.

Prevaleció la sensatez o quizás falta de recursos, pero los portugueses prefirieron continuar el comercio costero con China y lograron en 1555 la concesión de Macao, que fue reincorporada a China en 1999.

Dos siglos más tarde, el emperador Qianlong (que reinó de 1736 a 1795) expresaba, contundente y suave, el pensamiento chino ante una embajada  encabezada por Lord Macartney enviada por el rey George III de Inglaterra, que llevaba atractivos regalos. "Nunca hemos valorado artefactos ingeniosos, no tenemos la mínima necesidad de las manufacturas de su país" respondió. Aquella frase encierra mucho de la visión autosuficiente de los chinos respecto a su cultura, un vasto imperio en medio del mundo.

Sin embargo, en Europa la reacción fue atroz. Los ingleses comenzaban a dominar al mundo y China vivía una declinación prolongada: los europeos tomarían revancha por otros medios, la venta de opio al pueblo chino.
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D. E. Mungello, The great encounter of China and the west, 1500-1800, tercera edición, Rowman & Littlefield Publishers, Inc. Lanham, Maryland, EUA, 2009.