martes, 20 de julio de 2010

San Agustín


Dedicado a Pedro B., para que disfrute de su nueva oficina.

La orden de San Agustín llegó a América en 1536, pero tuvo que esperar varios años antes de "tener casa", hasta 1541. En ese año se inició la construcción del principal convento y templo agustino en el centro de la ciudad de México, en el predio que se encuentra entre las calles de Uruguay, Isabel la Católica y República de El Salvador.




Actualmente, el edificio de tipo neoclásico oculta lo que queda del templo y colegio barroco, que fue de gran importancia en la vida religiosa y política del país por varios siglos.

Cabe recordar que ahí se ordenó y vivió fray Andrés de Urdaneta (c.1508 -1568), quien salió de ese recinto para ser piloto de la expedición de Legazpi a Filipinas, con el propósito de encontrar la Tornavuelta por el Pacífico, lo que inauguró la ruta marítima de la Nao de China. De manera breve habrá transitado por este recinto fray Martín de Rada, también agustino.


En la red he econtrado una serie de fotografías de un personaje Yuki Nom Ichi (a quien pido disculpas por usar sus fotos) quien entró en 2006 al abandonado edificio y nos regala las siguientes imágenes. La construcción está al resguardo de la UNAM, pero permanece en condiciones deplorables por falta de presupuesto. Ojalá algún mecenas se interese y ponga a disposición del público este esplendido monumento.










Una imagen del siglo pasado, cuando el edificio servía como Biblioteca Nacional

Una vista del centro desde el techo de San Agustín, en el siglo XIX

sábado, 10 de julio de 2010

Segundo intento de Rada

El interés de los misioneros agustinos por llegar a China tocó limites peligrosos cuando, en un segundo intento, en 1576, pidieron ser llevados por comerciantes chinos hasta las costas del imperio celeste. Nuevamente esa expedición religiosa fracasó y se convirtió en la amarga derrota para el predicador Martín de Rada.

Los comerciantes chinos accedieron a llevar con ellos a los religiosos Martín de Rada y Agustín de Albuquerque, pero finalmente les abandonaron en la islote de Bolinao, en el golfo de Lingayen, de la provincia de Zambales, en la zona más próxima a China de la costa occidental de la isla de Luzón, cerca del cabo de Bojeador.


Utilizamos aquí el trabajo del historiador Manel Ollé Rodríguez, quien logra reconstruir las diversas versiones que se han escrito acerca de las circunstancias de este segundo viaje. Cita directamente a Martín de Rada, quien refiere el episodio del abandono en la costa de Luzón en una carta del 3 de junio de 1576, remitida a Alonso de Veracruz, Provincial de los Agustinos en Nueva España:

"(...) y después de un largo razonamiento, al qual se les respondió según Dios nos inspiró, dixeron que no queran llevarnos, sino que nos desembarcasemos luego. Y así nos echaron a tierra, aunque de paz..."

En otra carta del 6 de junio de 1576, escrita por Andrés Cavichuela, Andrés de Mirandaola y Salvador Aldave a Guido de Lavezares, quien fungía como gobernador ad interim, dan testimonio de que:

"Dos rreligiosos que este año bolvían a la China, los capitanes chinos que los llebavan, como gente ynfiel y bárbara, se arrepintieron y los dexaron en la costa de Yloco, desta propia ysla, que fue el menor daño que les pudieron hazer, donde les halló el Sangento Mayor."
Sin embargo, también se hizo mención al asesinato de los sirvientes y traductores chinos que acompañaban a los religiosos.

"(...) y a un lengua que los religiosos llevaban, natural de la China, le maltrataron a azotes, que está para morir; y mataron los chinos que de ací llevaban, que eran de los de Limahong, porque no huviese quien diese verdadera relación de los sucesos del tirano y por otras causas de bárbaros que a ellos pareció"
Varias décadas más tarde, el incidente seguía siendo motivo de reproches de las autoridades religiosas en contra de los gobernadores militares. El cronista jesuíta Francisco Colin, en su obra escrita a principios del siglo XVII, señala:

"El nuevo governador (Francisco de Sande) no hecho mucha cuenta desta embaxada, ni correspondió al Capitán que traxo a los religiosos, con el regalo que allá les avía hecho, ni a los presentes del Virrey para el Governador, Maesse de Campo y otros ministros de Manila, por lo qual descontento el Chino, se partió sin querer recibir nada de lo que le davan, y aunque embarcó consigo al padre Fray Martín de Rada que con otro compañero intentava bolver por segunda vez a China, le dexo en una tierra desierta de Bolinao, robado y desnudo, y muertos algunos de sus criados y compañeros, y acotados y maltratados a otros".
Lo que estaba en juego en este pasaje era la confrontación de dos visiones distintas dentro del imperio español acerca del trato con China. Por una parte, la actitud humanista de los religiosos, frente a la agresiva posición de los gobernadores que se sucedieron en las islas filipinas en las primeras décadas del control español. Como he tratado de resaltar en la figura y personalidad política de Martín de Rada, el interés por China contaba con la experiencia previa de la evangelización en México y, si bien tenía a veces rasgos de ridícula inocencia, era muy distinta a los intentos por invadir militarmente a China, que por fortuna tampoco fructificaron.
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Manel Ollé Rodriguez, Estrategias flipinas respecto a China: Alonso Sánchez y Domingo Salazar en la empresa de China (1581-1593), Barcelona, 1998, Vol. 1, pp.257-258.

Rafael Bellón Barrios, Acerca del Discurso de la navegación (1577) de Bernardino de Escalante: evangelización, conquista, percepción del otro. Biblioteca Saavedra Fajardo del pensamiento político hispano.

jueves, 8 de julio de 2010

Investigación a bordo

Si bien el objetivo principal del galeón Andalucía fue promover la imagen de España en la Feria de Shanghai, también contó con un aspecto de investigación en los terrenos de la sociología y de la sicología. De hecho se programaron estudios que fueron realizados durante el recorrido de España a China; una oportunidad excepcional para estudiar la conducta de los marineros.


Me llama la atención en particular el trabajo realizado por Esther García, de la Universidad de Huelva, quien intentó hacer una comparación de la vida de la tripulación, como se le veía en el siglo XVII y en la actualidad. El nombre de su tesis doctoral es Hombres de su tiempo.

La gran diferencia que ha observado en este periplo con el de los viejos descubridores es la presencia de las nuevas tecnologías, que reduce incertidumbres en la travesía. Entre las similitudes más claras están “la organización del trabajo en guardias y la división de los mandos, entre capitán, almirante, contramaestre y marinería”. No obstante, en la base de la jerarquía “antes había más diferencia, definida por la edad y el tiempo de navegación, dividiéndose la marinería en pajes, grumetes y marineros”.
Será de gran interés para el público en general conocer los resultados de sus observaciones.

viernes, 2 de julio de 2010

Primer viaje de Rada

Un sector especialmente activo en la promoción de iniciativas de expansión hacia China fue desde el primer momento el de los religiosos asentados en Filipinas. El agustino Martín de Rada, poseedor de una amplia experiencia misionera en México y en el sur de Filipinas, fue el primero en formular de manera explícita el proyecto de la conquista de China en una carta dirigida al rey Felipe II, fechada el 8 de julio de 1569.

En la carta señala la importancia de dotar a las islas filipinas con una adecuada fuerza naval y argumenta a favor de convertir ese espacio como un punto de partida para la conquista de China.

Como otros de sus contemporáneos, especialmente embajadores y comerciantes portugueses, o hasta quienes habían caído prisioneros entre los chinos en el siglo XVI, describe a grandes rasgos las características del imperio: grandeza, orden, desarrollo urbano y ausencia de belicosidad. Claro, no tenían porqué saber de un pasado guerrero chino de miles de años, pero quizás esa suerte de inocente visión del momento le permitía pensar en una conquista (en el sentido más bien religioso) que podía realizar un puñado de hombres validos de Fé, un tanto a "la mexicana" que aún estaba fresca en la mentalidad de su generación.

"Si Vuestra Majestad pretende la China, que sabemos que es tierra muy larga, rica y de gran policía, que tiene ciudades, fuertes y muradas muy mayores que las de Europa, tiene necesidad primero de hacer asiento en estas islas, lo uno porque no sería acertado pasar por entre tantas islas y bajos como hay en la costa de ella con navios de alto bordo, sino con navios de remos, lo otro porque también porque para conquistar una tierra tan grande y de tanta gente es necesario tener cerca el socorro y acogida para cualquier caso que sucediese, aunque la gente de China no es nada belicosa (...) mediante Dios, fácilmente y con no mucha gente, serán sujetados."

Rada había obtenido su información a partir de portugueses y de indios filipinos que comerciaban con los chinos. En particular, conocía a un chino de nombre Canco, quien había escapado de un barco pirata y obtuvo refugio con Martín de Rada. Vuelve a escribir, esta vez al virrey de la Nueva España, Martín Enriquez, el 10 de agosto de 1572, y anuncia la posibilidad de introducirse de incógnito en China.

Planes fantásticos

La forma que planteaba, un tanto fantástica, era que en ese año de 1572 en ocasión del ascenso de un nuevo emperador de nombre Wanli, de la dinastía Ming, se había decretado un indulto para el retorno de chinos que habían estado exiliados. Como algunos de aquéllos chinos en el exterior se habían convertido al cristianismo podrían regresar secretamente a su país, ahora como aliados de los europeos.


"...oviesemos en un navio dellos embiado allá un par de religiosos, porque los mismos chinos se offrecían a ello; pero nunca quiso el gobernador si no fuese o por mandato del Rey o de Vuestra Excelencia. Dixome que avia embiado a pedir licencia al gobernador de Chianchui para embiar allá el año que viene un par de hombres a tratar con él de la paz y la contratación. Supplico embie a mandar que si pudiere ser se embien allá un par de religiosos, porque demás de que podrá ser se abra gran puerta al evangelio y servicio de nuestro señor, servir también de que ternemos de allá verdadera noticia de lo que ay, y ellos declararán a los chinos la grandeza de nuestro Rey y quan bien les está tener su amistad, y si ellos reciben la fee les darán a entender la obligación que tienen a servir a S. M. pues a su costa e minción les embian ministros que les enseñan y aunque no fuese más de servir de lenguas y que se pudiese contratar con ellos, no sería poco importante su ida, y para ello si a mi me los mandasen, lo ternía por particular merced y lo aría de muy buena voluntad"
La misión fracasó por varias razones, principalmente por la improvisación con que fue concebida, pero Martín de Rada atribuía el fracaso más bien al temor de los chinos de entrar a su patria con extranjeros.


"Y en el año de 1572 fueron señalados para el dicho efecto dos padres de la orden de nuestro padre San Agustn, que fueron fray Agustn de Albuquerque y fray Francisco de Ortega. Los cuales con toda diligencia procuraron con los mercaderes chinos que los llevasen a su tierra y, aunque ellos lo prometieron largamente de hacerlo, se fueron sin quererlos llevar consigo y el año siguiente el dicho padre fray Agustín ofreciéndose de ir solo por la mucha falta de religiosos que havía en esta tierra lo intentó primero en Manila y después en Mindoro y no tuvo remedio de que le quisiesen llevar, porque nadie se atrevió diciendo que les cortarían las cabezas si tal hiciesen."
Paradójicamente, el ingreso de misioneros jesuitas por el lado portugués quedaría marcado en la historia en ese mismo momento de China, con más boato y propaganda que la misión de Martín de Rada.
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Manel Ollé, Idem, pp. 221-223, en AGI Filipinas, 79, I,1. Véase también Pedro G. Galende, Idem., p. 164.